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Fetiches, todo el mundo tiene uno

Publicado el 2015-12-23

  • Fetiches, todo el mundo tiene uno


En el mundo de la sexualidad los fetichismos son muy populares. Decimos que una persona es fetichista cuando siente atracción sexual y le excita un determinado objeto o una práctica concreta.

 

Quien más o quien menos tiene un fetiche, e incluso es posible hablar de los fetiches más populares entre hombres y mujeres.

 

En el caso de los hombres hay dos fetiches muy extendidos, la ropa interior y los zapatos o botas de tacón. En el caso de este último fetiche suele tratarse de un parcialismo, es decir, que la persona se siente atraída hacia una parte concreta de la anatomía femenina, en este caso los pies.

 

En el caso de las mujeres los fetiches más habituales están muy relacionados son la excitación sexual al ver a un hombre vestido con traje o con una simple camiseta de algodón blanca.

 

Si os dais cuenta, en la gran mayoría de los casos los fetiches más comunes de hombres y mujeres están muy influenciados por lo que vemos en los medios de comunicación y en la publicidad. Pero… ¿el fetichista nace o se hace?

 

Las personas que muestran conductas fetichistas suelen mostrarlas desde muy temprana edad, pero eso no quiere decir que nadie nazca fetichista. Lo que si existen son personas que tienen una cierta disposición a desarrollar un fetichismo sexual. En realidad, cualquiera de nosotros puede adquirir un fetiche si se dan las circunstancias para ello.

 

Hemos repasado los fetiches más habituales y aceptados, pero también existen otras conductas que pueden ser tildadas de fetichistas y que son mucho más desconocidas.

 

La plushofilia es uno de los fetiches que podríamos considerar “raros”, pero que poco a poco se va dando a conocer. Las personas que tienen este fetiche se excitan al ver a otras personas disfrazadas de muñecos de peluche.

 

Los agalmatofilicos se sienten sexualmente atraídos por las estatuas, mientras que los tecnosexuales se excitan al pensar en tener relaciones sexuales con robots. Podríamos continuar con la vorarefília, el fetiche que tienen aquellos que fantasean con ser comidos, comerse u observar como se comen a otra persona y la nasofilia, que implica una gran atracción sexual por las narices. La lista podría ser casi infinita.

 

El fetichismo no es nada malo y se pueden llevar a cabo todo tipo de fantasías siempre y cuando no se cause daño a otra persona. Si el fetichismo se controla no hay ningún problema, pero si se lleva al extremo estaremos ante un caso de parafilia.

 

 

 

 

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