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Cuckolding, el fetichismo intelectual

Publicado el 2021-04-04

  • Cuckolding, el fetichismo intelectual

Cada persona entiende las relaciones de pareja de una manera diferente, y esto nos lleva a la realidad de que cada vez existen más tipos diferentes de uniones. Aunque lo más habitual es que la fidelidad forme parte de la relación, ya existen muchas parejas en las que esto no es un requisito, surgiendo así prácticas como el cuckolding.

 

¿Qué es el cuckolding?

 

Más que una práctica sexual es un estilo de vida alternativo en el que ambas partes de la pareja disfrutan de una sexualidad más abierta. En este caso concreto la mujer suele mantener encuentros de tipo sexual con otros hombres, mientras que su pareja disfruta cuando esta le cuenta con todo detalle lo que ha hecho, o incluso está presente como espectador durante el acto, pero sin intervenir en ningún momento en él.

 

Los especialistas creen que aquí el placer del cuckold (el que mira) se basa directamente en poder experimentar de otra forma la relación sexual, en lugar de ser el protagonista de ella, y esto aumenta los niveles de excitación.

 

Según las últimas encuestas, esta forma de entender la pareja y la sexualidad atrae principalmente a mujeres y hombres con intereses intelectuales y sociopolíticos, por eso también se conoce el cuckolding como el fetichismo intelectual.

 

Diferentes razones para su práctica

 

Las razones para llevar a la práctica este fetiche pueden ser muy diferentes según la persona de que se trate.

 

Hay quien considera que estamos ante una variante del masoquismo, ya que es importante que él se sienta humillado por parte de su pareja al ver como esta está con otro hombre. Sin embargo, también hay quienes defienden que en este juego de roles es el hombre el que asume el papel de dominante, al ser él quien elige en qué condiciones va a ser “engañado”.

 

Para otras personas puede ser una forma de liberarse de responsabilidades, dejando la satisfacción sexual de la mujer en manos de terceros. Mientras que hay quien defiende que esta práctica puede ser también una forma de bisexualidad, ya que el hombre disfruta viendo a otro hombre mantener relaciones sexuales.

 

Con independencia de la razón por la que se practique, con el cuckolding pasa exactamente igual que con cualquier otro fetiche, la clave para disfrutarlo está en que todos los intervinientes lo practiquen de forma libre, voluntaria y consciente. Es más, en la mayoría de los casos suele ser una experiencia muy positiva para las parejas y consigue unirlas todavía más, haciendo crecer la confianza y el respeto mutuo.

 

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