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Sonrisas (y lágrimas) después del orgasmo

Publicado el 2019-09-16

  • Sonrisas (y lágrimas) después del orgasmo

La sexualidad es tan compleja que resulta imposible llegar a entenderla del todo. No es sólo que cada cultura la vea desde un punto de vista diferente, también las propias personas lo hacemos. Sin embargo, hay aspectos que son comunes y que nos siguen generando dudas.

 

 

¿Te ha ocurrido alguna vez que después de llegar al orgasmo te da por reír o incluso por llorar? ¿Le ocurre a tu pareja? Esto es mucho más habitual de lo que pueda llegar a parecer, pero ¿por qué nos ocurre?

 

 

Los expertos coinciden al señalar que el orgasmo implica una liberación física, pero también una liberación a nivel emocional. De ahí que se pueda dar una reacción emocional extrema como ponerse a llorar o incluso romper a reír a carcajadas.

 

 

Incluso las personas que ríen o lloran habitualmente después del orgasmo señalan que esto no les ocurre siempre. Esto se debe a que con frecuencia contenemos emociones, pero no siempre, de ahí que unas veces se produzcan este tipo de reacciones y otras no.

  


Si te ocurre, o le pasa a tu pareja, debes entender que no se trata de algo malo. En ningún caso se están riendo de ti ni lloran por insatisfacción. Ocurre todo lo contrario, la liberación alcanzada durante el orgasmo es tan grande que no basta con la liberación física, sino que se produce además una descarga emocional que se manifiesta en forma de risa o de llanto.

 

 

No debemos confundir este fenómeno con la disforia poscoital, que es algo totalmente diferente. En este caso nos encontramos con personas que tras mantener un encuentro sexual sufren un bajón emocional.

 

 

Con respecto a este tema los expertos le echan la culpa a la amígdala. Durante el encuentro sexual se experimenta placer y euforia, lo que lleva a dejar las preocupaciones atrás. Pero tras el orgasmo el cuerpo vuelve a su estado normal y vuelen a aparecer todos esos problemas y preocupaciones que llevan a un bajón anímico.

 

 

 

Lo bueno es que podemos hacer algo para evitar este problema. La solución pasa por intentar sobrellevar nuestras dificultades de la mejor forma posible y no agobiarse.

 

 

 

No saber gestionar nuestros problemas y preocupaciones nos llevará a un estado de ansiedad y estrés que nos afectará a todos los niveles de nuestra vida. Sin embargo, si logramos controlar esos niveles de estrés y aprendemos a manejar las preocupaciones, podemos ir olvidándonos de la disforia poscoital. 

 

 

 

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